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miércoles, 8 de abril de 2009

Federico Schopf (Osorno, Chile, 1940)


Federico Schopf (Osorno, Chile, 1940): Fue miembro del Grupo Trilce entre 1964 y 1973. Ha publicado Desplazamientos (Ed. Trilce, 1966) y Escenas de Peep show (Ed. Manieristas, Santiago de Chile, 1985). Como crítico y ensayista a publicado múltiples artículos acerca de la poesía de Vicente Huidobro y Nicanor Parra. En este ámbito, se destaca su libro recopilatorio Del vanguardismo a la antipoesía (Lom Ediciones, Santiago de Chile, 2000). Actualmente, se desempeña como académico de la Universidad de Chile y prepara la publicación de tercer libro de poemas titulado La Nube.


De: Escenas del Peep-Show

A la orilla del mar mediterráneo

pensando en los despojos de un amigo
que era poeta
tan ajeno a este mundo
que lo creía propio.

No quiso ver su tierra, los eriazos
de cuyo vino se embriagaba
para creerse en otra parte.

Sus manos en la oscuridad
palpaban cuerpos que huían temerosos
de ese tacto desconocido, fríamente ardiente
por la falta de luz y de contacto.
De esta sonrisa tan abierta y tan cerrada
de estos ojos redondos, luminosos
de este cisne sin Leda que creía
ver en cada mujer el paraíso perdido
esfumándose a la distancia.

El lento deterioro de los días
absorbiendo la vida como una esponja
que ha perdido elasticidad, el viejo cuerpo
metido en una silla demasiado estrecha
contrayéndose
a la luz de la realidad
y derramándose.

Ahora no sé dónde están los huesos
su fino espíritu cuando la resaca
me trae sus recuerdo
a medida que se borran mis huellas
a la orilla del mar Mediterráneo
pensando en los despojos de un amigo
....................poeta como yo.


Meditaciones sobre Roma

Entre las ruinas de la antigua Roma
mientras el carruaje del sol se abría paso
en medio de los gases
lateral a la escena de los héroes y poetas
que sostienen la patria la nostalgia
la verdad la mentira en el exilio
de ellos de los otros y de sí mismo
entre la angustia y la serenidad
me deslizaba
algo bronceado por el sol de invierno
y también más viejo
como la sangre por las venas o
como la hierba
de la luz a la sombra
y en su contrasentido

No es la melancolía ni la duda
ni la desesperanza ni la perversión
ni los lamentos ni el orgullo
es el azar y una disposición del espíritu
en que las palabras apenas sirven
para decir aquello que se ve
y no aquello de que se habla.

No he sido amado de los dioses
ni de todas las diosas que quisiera
y que apenas se cubren con sus ropas
embellecidas por su fin tan próximo.

Los sarcófagos parecen bañeras
con el retrato de los muertos
en el lado exterior de sus navíos de mármol o alabastro
junto a sus deudos y a los dignatarios que han ido a despedirlos
para su largo viaje
o reemplazados por escenas mitológicas de encuentros felices de amantes o de dioses
...............con los hombres
en el tiempo sin el tiempo en que la esencia no es el accidente
de las almas que mueren con los cuerpos –nuestro caso-
sin moverse un milímetro
de sus tumbas vacías
en tanto el cuerpo del Ángel Azul
y el de todas las damas que aquí se pasean
como si fueran inocentes
entrara en su polvera más pequeña.

Todas las tardes Pasolini
con gran felicidad de nuestra parte
se pierde en las calles de Roma
siguiendo cantos que se alejan a medida que él los sigue
en estos ríos que cambian de curso
según las estaciones
degradando y enalteciendo murallas y rostros
idénticos y diferentes a sí mismos.

No se de qué te quejas en la vida

que has vivido en el teatro Marcello.
Iluminadas por la luna
se estremecen las bridas en las manos de los dióscuros
y las hierbas en las ruinas del coliseo
la dentadura de Roma en la noche.
Antiguas sombras se deslizan
(y observan de reojo a las mujeres
que ofrecen sus servicios a la luz
de fogatas encendidas por ellas mismas)
entre las tumbas de sus antepasados
relámpago el negro orificio de sus bocas
embellecidas por el terror y el deseo
al paso de los automóviles.

Poco antes de oscurecer
en la cerradura del parque de un convento
no lejos de una plaza del siglo XVIII
se abre el ojo de la verdad
-o lo que se tiene por tal-
entre dos filas de cipreses
en dirección de la basílica de San Pedro.

Roma es el más grande peep-show del mundo.

La cúpula de San Pedro es un cohete
a punto de partir
con el antipapa calcinado al volante.

La mitad de una esfera
cargada de fuerzas centrífugas
como Saturno.

Una explosión atómica
detenida en su expansión.

Una copa invertida
que se llenará de cenizas.

Las llamas del crepúsculo la alumbran como reflectores
de una película más lenta
que nuestra percepción.

Hay tanta luz que se hace de noche.

El camino que sube y baja no es el mismo.

El sol se oxida en el espacio.